La inteligencia emocional y la escuela del siglo XXI

I Encuentro de Orientadores Educativos de La Rioja. Organizado por Apolar. Logroño, 15 de enero de 2010
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Foto: Esther Casas

Elsa Punset

Es Licenciada en Filosofía y Letras y Master en Humanidades por la Universidad de Oxford, en Inglaterra; Master de Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid. Estudió composición en la Manhattan School of Music e Ingeniería de Sonido en la New School de Nueva York. Ha trabajado como editora en la rama educativa del Grupo Anaya y como directora editorial en la Fundación Autor (SGAE). Sus ámbitos de interés se centran en la aplicación de la inteligencia emocional, toma de decisiones y procesos de aprendizaje en niños y adultos. Actualmente, es coordinadora y formadora del grupo de la Universidad Camilo José Cela que desarrolla la implementación de un programa de aprendizaje social y emocional pionero en España. Colabora habitualmente en distintos medios de comunicación e imparte conferencias y talleres sobre inteligencia emocional en diversos ámbitos, sociales y educativos. Es autora de Brújula para Navegantes Emocionales (Aguilar, 2008). Premio Pilates 2009 por su aportación al mundo de la cultura. En noviembre 2009 publicó Inocencia Radical (Aguilar), un ensayo sobre el impacto de las emociones en la vida diaria.

Como ella misma escribe en su página web (www.elsapunset.com): Las emociones son el lenguaje universal con el cual sentimos, nos comunicamos, nos amamos o nos odiamos. Tenemos que lograr descifrarlas, amaestrarlas, disfrutarlas sin temor. Los primeros años de nuestro siglo están marcando una diferencia fundamental en nuestras vidas: ahora por fin podemos atisbar lo que nos pasa por dentro, lo que nos arrastra en la vida diaria. Podemos devolver a las emociones la importancia vital que tienen en nuestras vidas. Esto no solo resulta apasionante por todo lo nos descubre acerca de la vida y de uno mismo; sino que además nos permite sacar partido a la riqueza, única, que cada ser humano encierra. Y nos da una libertad insospechada para vivir con sentido, y con pasión.

En su charla del pasado viernes nos transmitió toda su pasión y afición por esos dos preciosos temas que son su especialidad: inteligencia emocional y educación. Lanzó montones de ideas, explicó experimentos recientes y conclusiones de investigaciones, nos hizo partícipes de dos breves tests de personalidad, nos invitó a conocer mejor a los jóvenes a los que pretendemos educar y apuntó algunas pistas de cómo serán las escuelas y los profesores del futuro... Además lo hizo ameno, con sentido del humor y a pesar de algunos problemas de sonido. Muchas gracias, Elsa, se nos hizo corto. Estás invitada a corregir o puntualizar este resumen que hemos intentado completar con algunas de las fuentes que citaste.


¿Quiénes somos?

Cuando hablamos de educación, hablamos de seres humanos pequeñitos. Seres humanos que se convertirán en adultos y, de todos ellos, el 20% tendrán enfermedades mentales discapacitantes. La depresión y otros trastornos emocionales van a ser la principal causa de enfermedad en las próximas décadas. Lo que demuestra, con toda claridad, que tenemos un problema educativo.¿Qué es un ser humano? Creemos que sabemos lo que somos y, sin embargo, conocemos muy poco de nosotros mismos, de cómo funcionamos en nuestro interior. Por eso vivimos de una forma mecánica: de espaldas al “misterio de la vida”.

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Foto: Flickr
La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica.(...) La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol. (Carl Sagan, divulgador científico)


La vida de los niños está en manos de sus maestros. El crecimiento emocional de éstos dependerá directamente de la calidad y el nivel humano de aquellos. Se ha comprobado que si un niño tiene un buen educador tan sólo durante un año en su infancia (de 7 a 15 años), los beneficios pueden apreciarse claramente en su crecimiento y en su forma de ser al cabo de 30 años.
La sociedad occidental en siglo XX se ha ocupado casi completamente de la supervivencia física. Sin embargo, en el siglo XXI, la generalización de las enfermedades mentales hará que se estudien y se valoren las emociones y su relevancia directa en nuestra calidad de vida.

¿Sabemos cómo funcionamos por dentro?

Hasta ahora se pensaba unánimemente que el carácter de las personas estaba determinado por su genética. Pero hoy sabemos que las emociones son el único lenguaje universal, vienen “de serie en todos los seres humanos y gestionarlas es una capacidad innata que puede desarrollarse de un modo u otro en función del entorno en que la persona se socializa.
El test de personalidad más corto del mundoPor el psicólogo británico Richard Wiseman.
Sentaos cómodamente. Colocad los brazos extendidos con las manos a la misma altura y las palmas hacia abajo. Cerrad los ojos. Imaginad que la mano derecha está atada a unos globos que tiran de ella hacia arriba. Imaginad que sobre la mano izquierda hay una pila de ladrillos muy pesados que la empujan hacia abajo. Imaginad cómo los globos y los ladrillos van desplazando poco a poco las manos. Abrid los ojos.

Algun@s tienen las manos juntas, como al inicio. Son personas con ideas firmes, que quieren tener “los pies en el suelo”, analíticas, racionales y reflexivas. Los que tienen las manos separadas son personas en las que predomina la emoción, que se dejan llevar, intuitivas y espontáneas.



¿Racional o emocional?

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Foto: Flickr
El ángel que presidió mi nacimiento dijo: Pequeña criatura, fruto de la dicha y de la risa, ve y esparce amor. (William Blake)

Es verdad, nacemos con alegría y con júbilo. Pero después salimos al mundo “solitos”. Los niños tienen miedo y necesitan que sus padres les enseñen a elegir entre el amor y el miedo.
Durante los primeros 6 u 8 años se desarrollan los grandes patrones emocionales. Es muy frecuente que, en esos años, padres y profesores sólo se preocupen por cubrir las necesidades físicas del niño. Era algo lógico desde el punto de vista de la educación del siglo XX, propia de una sociedad industrial y con la necesidad de alfabetizar a la población para incorporarla al mercado laboral. Educar era sencillamente instruir.


Las dos grandes emociones

1. El Amor
Todavía le damos un significado muy pobre. Entendemos dos tipos de amor, y poco más: el enamoramiento de la pareja y el amor a los hijos. Así pues, transmitimos a los niños que hay muy pocas clases de amor, pero ellos tienen una enorme necesidad de amor.

Hay aproximadamente un 5% de la población que es incapaz de sentir amor o empatía. Son los psicópatas. La empatía suele considerarse un proceso mental, el de la comprensión de los sentimientos de otros, pero se ha comprobado que en realidad es un proceso físico; pues para poder ponerse verdaderamente en el lugar de otro, se precisa experimentar en cierto modo lo mismo que el otro siente.

De la misma manera, educar engloba todo: es físico + mental + emocional.

2. Sentir que tenemos control sobre nuestra vida
El autocontrol es necesario para mantener una cierta estabilidad sintiéndonos capaces de gestionar las propias reacciones ante los acontecimientos. Sin embargo, a medida que se incrementa el control disminuye la espontaneidad afectiva, por lo que la clave estará en mantener un adecuado equilibrio entre ambos.

En un experimento clásico se colocaba a cuatro ratitas en celdas en las que recibían descargas eléctricas sin previo aviso y sin que pudieran hacer nada por evitarlas. Una de las celdas tenía una palanca que permitía eliminar la descarga de todas las celdas. La rata de esa celda aprendía a utilizar la palanca al notar las descargas y sobrevivía por más tiempo que sus compañeras. El experimento demuestra que tener un cierto control sobre la agresión o el dolor (aunque sea parcial) proporciona un mayor bienestar.

El etólogo Boris Cyrulnik profundizó en el concepto de resiliencia observando a los supervivientes de los campos de concentración. Sus investigaciones aclararon que las personas resistentes no padecen una insensibilidad patológica, como solía afirmarse, sino que poseen un gran optimismo: tienen la capacidad de apreciar un sentido en su futuro que les permite soportar muy duras situaciones presentes. Por ejemplo, los niños héroes: tenían entre 5 y 8 años y se distiguían de sus coetáneos por arriesgarse para luchar contra las condiciones en las que se encontraban. Ellos han sido, con los años, los únicos supervivientes de los campos que no padecen problemas emocionales derivados de su internamiento.

Plasticidad neuronal

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Foto: Flickr
El cerebro es el órgano más flexible de todos y lo es, además, a lo largo de toda la vida. Esta plasticidad permanente es el gran descubrimiento de la neurociencia moderna. Por su parte, Richard Davidson es uno de los exponentes de la actual epigenética: el estudio de la influencia del entorno en la estructura genética del organismo. Desde estas dos disciplinas se ha llegado a la conclusión de que la educación modifica más la biología del cerebro que la farmacología. Algo que resulta interesantísimo si tenemos en cuenta la cantidad de niños que reciben tratamientos con fármacos para corregir desórdenes afectivos y cognitivos.

Un estudio realizado hace pocos años con taxistas londinenses reveló que el tamaño de su hipocampo (el área cerebral que se ocupa de las relaciones espaciales) estaba hasta el 25% más desarrollada en los taxistas más experimentados que en los novatos o en otras personas. O sea, el cerebro se adapta al aprendizaje y no al revés!
Esta plasticidad demostrada representa una gran libertad para el individuo: significa que podemos ser lo que queramos y que siempre estamos a tiempo de cambiar aquello que deseamos. Del mismo modo, supone una gran responsabilidad para la escuela, pues debería ser el lugar donde los niños puedan desarrollar TODAS sus capacidades.
Tradicionalmente, se pensaba que el cerebro netamente humano era la corteza, puesto que la nuestra es mayor que la de otras especies y en ella reside el pensamiento racional, frente a los instintos que residen en las zonas más profundas del cerebro y se desarrollan primero. Sin embargo, la neurociencia ha descubierto no es así: que el ser humano es creativo precisamente porque la corteza (racional) y los sistemas límbicos (emocionales) trabajan juntos. O sea, no somos más listos cuando somos más racionales, sino cuando somos “racio-emocionales”!

¿Conocimientos, valores o habilidades?

Los niños no nos piden que les inculquemos valores, sino que les enseñemos a ser lo mejor de sí mismos. Casi todos los sistemas educativos contienen una gran carga de valores. Éstos no pueden ser objetivos, pues siempre se encuentran ligados a una religión, ideología o sistema de creencias. Se insiste en educar en los valores con el pretexto de hacer que los niños se conviertan en buenas personas. Sin embargo, no es necesario instruir en los valores para conseguirlo, sino ayudar a desarrollar las habilidades necesarias para formar la propia conciencia.

Veamos por ejemplo: un niño que cuente con un pensamiento crítico, iniciativa, capacidad de análisis, creatividad, autonomía, una imagen positiva de sí mismo, habilidad para resolver conflictos y empatía ¿no será probablemente una buena persona?

¿Sabemos a quién estamos educando?

Nuestros estudiantes ha cambiado radicalmente. Los estudiantes de hoy ya no son aquellos para los que fue diseñado nuestro sistema educativo. (//Mark Premsky//)

Ellos son nativos digitales, y nosotros inmigrantes. No son vagos y despistados, sino que piensan de forma diferente: es como si sus estructuras cognitivas fuesen paralelas y no secuenciales. Están acostumbrados a recibir información muy deprisa. Les gusta llevar procesos paralelos y son multitarea. Prefieren gráficos a textos y trabajan mejor conectados en red. Se desarrollan mejor con gratificaciones instantáneas y frecuentes. (__Digital Natives, Digital Inmigrants.__ __©2001 Marc Prensky__).

Otra característica reveladora de estos jóvenes es que “apagan/encienden” fácilmente todo lo que les rodea, incluyendo las emociones. De modo que tienden a aislarse de aquellas que no les satisfacen. Por otra parte, rechazan la autoridad clásica, aquella que sólo alecciona y adoctrina. Está claro que los docentes de hoy necesitamos elaborar un nuevo lenguaje educativo, pues no podemos esperar que los chicos retrocedan para acomodarse al nuestro.

¿Cómo es la escuela del siglo XXI?

  • Aprendizaje VS Conocimiento
  • Relevancia de contenidos y materias
  • Aprendizaje social y emocional
  • Incorporar los avances de la neurociencia
  • Alfabetización digital
  • Formatos lúdicos
  • Aprendizaje para toda la vida


¿Qué habilidades se necesita adquirir?

  • Pensamiento crítico
  • Análisis
  • Iniciativa
  • Creatividad
  • Autonomía
  • Imagen positiva de sí mismo
  • Resolución de conflictos

¿Cómo han de ser los educadores del siglo XXI?

Los nuevos educadores necesitan ser entrenadores del aprendizaje y del pensamiento. Y, para lograrlo, precisan un cambio radical en su propia formación.

Ejemplo en Finlandia: www.revistaeducacion.mec.es/re2006_13.htm

Fuentes y referencias (por completar):Blog: www.inteligenciaemocionalysocial.com
Colegios Stainer
FAQ Inteligencia Emocional y Social (www.elsapunset.com)





En busca del disfrute


Dentro de la inteligencia emocional deberíamos pararnos un momento en el cuadro denominado en busca del DISFRUTE ( fluir ). En él nos indica el camino hacia la AUTOREALIZACIÓN en las relaciones personales, establece la relación que existe entre el RETO/DIFICULTAD que se nos presentan en nuestras vidas y el TALENTO/HABILIDAD que poseemos para superar los retos o facultades, señalando las emociones que se generan en los diferentes niveles de relación.
Espero que os ayude en vuestra búsqueda del DISFUTE.

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